sábado 27 de octubre de 2007

MEMORIAS DE LA CONDESA DEL LAGO (bonjour Tristesse Dossier)

"Soy una mujer indefensa, frente el acecho de la ansiedad y la locura". JEAN RHYS , DJUNA BARNES ó AMANDA GRIS...
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"...Maldita tristeza que empezaba con el frío...pero ¿Qué era ese milagro de ponerse triste aún, pequeño aprendiz de brujo descompuesto de ojos de gato? -preguntaba una de las cabezas bicéfalas de Ripley a la otra:
-"El milagro de ponerse triste era para después estar alegre, llegaba todos los años, por estas fechas..."

-¿Y qué hacías? ¿Qué hacías para combatirlo, para combatir esos interminables viajes chaperescos de Dimitri por todas las zonas Vips de los Aeropuertos del mundo para ducharse?

-Bailaba. Bailaba solo y desnudo frente al espejo, leyendo Las Memorias de la Condesa del Lago, para no perder la forma y veía arte, mucho arte...

-¿Veías arte?: -Sí, veía arte..., miraba cuadros, me iba al Prado, aprendía a estar solo, dentro de mi maldita caja de zapatos, como todo el mundo metido en su maldita caja de zapatos, escuchaba a Mahler...ó, en palabras de la propia Condesa:

..."Escuchar a Mahler, a Satiè, dejarse llevar por la tristeza de que ha acabado el calor, ha acabado todo, y comienzas a hibernar, en esta interminable decadencia de palacios devastados por la turba, en los que nunca acababa de salir el moho por ninguna parte....dos tacones bajando las escaleras apresurados...Barcelona, el Paseo de Gracia en el foso...sonaban los bomberos de fondo, se escuchaban de nuevo camiones de bomberos...., un nuevo socavón, y los viajeros la emprendían a puñetazos con los obreros, y los obreros entre ellos, la emprendían a puñetazos. Desestructuración, desestructuración...es lo que tenía: lo de siempre, a puñetazos, a garrotazo limpio...descansaba, era la terapia ibérica...aldeanas inglesas, con ropa de Zara, representando a García-Lorca en alpargatas...Un alpargatazo y otro alpargatazo, a cual más largo en el aire, en el suelo, porque sí, porque lo digo yo. "

...Los primeros fuegos, como en las novelas de Jean Rhys. Ardías dentro de la casa, Jane Bronte de tí, encerrada en tí misma como una urraca, como la madre del monstruo grande que llevabas dentro, que conquistaba hombres con las edades cambiadas, que era capaz de subir a las más altas cumbres y bajar a los más profundos barrancos....

..."Comías chocolate en un sí es no, engordabas dos quilos, a pesar de que estabas toda electromusculada presuntamente de presunto (que significaba jamón en portugais), de que llevabas las tripas y el culo bien prieto, y esperabas permanecer altiva, aguardando el primer avión que te llevara a una nueva tragedia, a un nuevo punto de escape: Subías, bajabas, venías, ibas, volvías a escuchar a Mahler, mirabas la página de un tal Nut Mahat Sebà, un artista y músico brasileiro fantástico, y ese nombre te parecía una palabra mágica (-había gente que no sabía aún quién era Mahler-), hablabas en francés, leías en Le Monde Diplomatique noticias republicanas, casi como una señorita fina de la Argentina, y te enterabas de que en Francia, Sarkozy acababa de crear, o iba a crear un "Ministerio de Identidad Nacional", fíjate tú qué cosas, si nos diera por eso en ésta piel de toro perforada hasta los tuétanos, rellena de cuñados, hormigón, primos, amiguillos y cemento que se iban endosando comisiones en plan piramidal...y luego culpaban al viejo de llevarse todo, como en las malas películas, las películas dobladas de serieB...qué gentuza la de siempre...Acabaríamos pagando todos los desaguisados empeñando La Peregrina de nuevo...Todos toreando, y nadie reconociéndose después: pareciera salir gratis y que no hubiera diferencias apreciables entre los toros afeitados de antemano ni los toreros, como si alguno pudiera salvarse de puritito milagro.

"...Y el sistema se descomponía (-eso oías decir a los que tenían cortada la digestión-), tú te descomponías con él, un poco, -se descomponían los bancos suizos, que no se descomponían casi nunca, pues encerraban el grueso de las identidades catalanas y castellanas juntas alomejor-; tomabas tal vez dos anti-depresivos, pero no tomabas más, porque te enfadabas con el médico de cabecera, y le decías:

-"Veo todos los sepias saturados"...

Y el médico de cabecera, que de suerte era a la vez un terapeuta argentino en paro, como en una fantasía tuya, verdadera desgracia humanita, para tu fortuna, entendía que esas palabras sólo las podía pronunciar una persona a la que esa marca de antidepresivo sentara de puta pena (cuál no), porque qué Mari llegaba a una consulta de médico de cabecera diciendo:

-"¿Y qué, qué tal el antidepresivo?: -Mire, fatal, veo todos los sepias saturados..."

"¿Y Entonces no estabas triste?" :

-¿Triste? -una mierda estaba triste, decía la condesa Alexis: -Lo que estaba era jodida de ligar con gente de veintipico, de decirles Are you sure?, de citas a ciegas para luego un te depilo, de ex amantes a medias, de que la Telefónica te quisiera quitar la factura-papel y no te intentara ya ni detallar, una por una, las llamadas a cada uno de tus amantes sin saldo...Jodida estaba de comer chocolate y de que me salieran granos.....de que mi vida pudiera ser como un solar en obras, con una inmensa grúa que se movía como un estómago rugiendo, de las conversaciones de bar,....de no escapar a Francia, donde en los cafés parecía que la gente se contara cosas interesantes...al Caribe,a Suiza, a coleccionar el Monopoly y a retirarme como Greta Garbo, protegida, blindada como un guante de seda en Sotheby's que le hubiera pertenecido en un film...Jodida de los nuevos ricos que acababan de descubrir el pollo Teriyaki...pero esa era la misma puta depresión de todos los otoños...

...que acababan en invierno cuando el sol se ponía...

-¿Y qué tenías entonces debajo del edredón?:

"-Solía tener una chistera, hacía magia y veía el tiempo pasar, pero con los mismos ojos de niña y de condesa-viuda. El milagro de ponerse triste era para estar después alegre...Llegaba el frío, descubrías que la ropa de abrigo te volvía a sentar bien...era cuestión de que te aclimataras, o te aclimataban...de sacar los visones o las visiones del baúl...te veías la cara rancia pero blanca, casi sin arrugas aún, tampoco tenías tantas...en un saloncito.

"...No eras una chica de veinte, que se cansaba escribiendo cuatro líneas y que decía "qué largo", a tí te habían matriculado en filosofía y densidad, y los del Mayo francés eran hombres de largos discursos, barbas, y pollas grandes, pero ya estaban casi todos en el hospital o en la Residencia metidos, eran tus abuelos y tu ya eras madre o padre interesante, qué asco. No eras una chica que se expresara en un castellano a gritos como su abuela a la puerta del colegio, pues a gritos se transfería y se aprendía el saber en el país de la puesta en duda sistemática, de los aprendices de todo y maestros de nada: No costaba nada el esfuerzo, en las nuevas filosofías de telebasura y supermercado...Era eso y ya...Y buenas películas a las cuatro de la mañana: Maldito el hijo de zorra que programara un Antonioni o un Fellini en hora-punta: la gente apagaría la tele con las tramas largas.

"...Pero tu eras una Zarevna casi artesanal en tu palacio de invierno, pequeña Penélope que tejía y destejía su lienzo a golpes bruscos de humor. Tu mundo era un paraíso derrumbado que tal vez no existía, que tal vez no hubiera existido nunca... Una Zarevna desterrada, eso ya lo sabías, envuelta en cuatro trapos vueltos del revés para que se les viera la marca, en cuatro joyas que algunos admiraron diez años antes, y que acabarían en el cuello de la Taylor después, esa americana, tan sola como el perro dálmata que se te moriría de frío, con el que compartirías medio filete de la nevera -no había más-.

...Te quedaba escuchar unas palabras en francés toda desnuda, envuelta en tus pieles rancias pasadas de moda, y pasar el invierno junto a la lumbre, dictando con tu mente calenturienta y enloquecida, los menús a una pretendida asistenta que sólo existía en tus sueños, o que hacía años que había muerto...Y en tu sueño narcótico, en tu narco-sueño (Tu Anarco-Sueño)...le dictabas el menú, porsupuesto en francés, como lo aprendiste de niña y te dijeron del Mayo francés...porque la próxima revolución que tocaba, ya era la de los padres de la Maddie, que a quién coño importaban ya..estábamos deseando que se murieran también ellos en extrañas circunstancias y nos dejaran de una vez en paz.

...Ya no había revoluciones, sólo gente aburrida...y el tiempo pasaba sin más, dabas besos a la pared y agradecías haber llegado de nuevo, con medias-oro de rejilla nuevas, huyendo casi siempre de puntillas...como un disco rayado, como un disco rayado...sola e Indefensa...frente el acecho de la locura...."

sábado 20 de octubre de 2007

"DEBE DORMIR" (WHILE DMITRI IS SLEEPING).

La alcoba vacía, la habitación azul. Al fondo un frasco de pastillas, como en todas las novelas, todas las películas de misterio: un nuevo sueño, uno de esos sueños cuyo final no se desvela, como en un thriller, comme une image, como en "El Orfanato", película que Ripley tardaría en ver, porque detestaba el título: "El Orfanato".

Ripley detestaba todas las pelis que se hicieran ahora, que llevaran por título "el Orfanato", "La Residencia" y "Las dos vidas de Audrey Rose": Pensaba ésto mientras dormía, y es más, se indagaba las insondables, profundas razones que habrían debido llevar a Woody Allen a titular, anunciar que titulaba su última película: "Vicky Cristina Barcelona".
Ripley, en unos segundos imaginarios, había decidido hacer una película, colgarla en internet, y que se llamara "Ripley Dimitri Cathy Madrid", pero luego se había echado para atrás.

La alcoba vacía, la habitación azul, el trasiego de Dimitri duchándose por las salas Vips de los Aeropuertos de media Europa, invitando a apuestos, hipotecados hasta las cejas, jóvenes hombres de negocios a ducharse con él: hombres de negocios que comían sushi en las pausas, tenían un coche ecológico, y que en su casa hacían que comían chochis, y tenían tres hijos, y un perro, y tomaban a veces rivotril, y rayas de coca, y leían el Financial Times con un gesto de disgusto, en sillones-relax aerodinámicos.

Y Ripley huía, huía de Dimitri, de Germán, y se refugiaba en un hombre de veintinueve guapísimo, que le contaba que, a veces, cuando se aburría, se vestía de mujer, y le besaba: besaba a un desconocido nuevo, que no por nuevo dejaba de ser otro desconocido más en la lista de "los queridos desconocidos más".

"Un día va a ocurrir una desgracia" -pensaba Ripley: "las bandadas de palomas proliferan desacompasadamente, hay una forma entre ruín y chabacana en cómo comen, picotean las migas de pan, los trozos de boquerones, calamares y Dog Chow, que sobresalen por entre las bolsas de basura..." "O que aparecen tirados, diseminados en las calles, "en el país del tire todo a las calles": En un paseo, Ripley, había visto dos puertas nuevas tiradas, flamantes, con cristales mate de esos que le gustaban, varias pantallas de ordenador muertas y apagadas, tiradas como esqueletos de un gato, un aire acondicionado portátil destripado, abandonado como un niño de las favelas. Había visto cajas de cartón, ropa, una paella entera... Había visto un grupo de rumanos ó moldavos, ó búlgaros ó apátridas, una curiosa confederación de estrafalarias personas, con extrañas jerarquías y ropas, vestidas con ráidos pasamontañas y sombreros, que se turnaban cuando cerraban el supermercado, para revolver entre los enormes cubos de basura que sacaban a la calle, como si ésta fuera su pequeño dios portátil y milagroso, y meterla en carritos de la compra.

El cielo era azul, con una nube solitaria en el centro colgando, que no sabría precisar si era un cúmulo-nimbo o un cirro: Sencillamente no estaba para nubes, pero la sequedad de su nariz indicaba que no llovía, y que seguía todo demasiado seco dentro de su corazón: Todo, las calles, las esquinas, el asfalto, seguía sucio, demasiado sucio, con una especie de verano eterno durante el día, que no purificaba hacía tiempo ni una solemne, espaciada gota de agua...

A veces se sentía vacío, solo: Volvía a acercarse la navidad, y temía ir a ese fantasioso médico de cabecera que una vez le mandó una caja de antidepresivos: "Una caja de antidepresivos" -pensaba: "Para un hombre gay jóven ya no tan jóven solo": Cuántos habría así, cuántos hombres, mujeres, jóvenes ya no tan jovenes solos, inmnesamente solos, incluídos los de los blogs: los menos pensados...Y recordaba lo que le contestó al estúpido, chulesco, ignorante médico de cabecera cuando volvió a ir, y que había apuntado "Las navidades le ponen triste", cuando le preguntó que qué tal, que qué tal la caja de antidepresivos, y respondió:

"-Fatal, fatal...sólo tome uno, y bajé una calle ancha y larga, después de comprar el pan por la tarde, cantando al estilo zarzuela, un estribillo tipo "La del manojo de rosas": "-No pretenderá que resulte natural hacer ésto un frío día de Diciembre. Sinceramente pensé que prefería estar un poco triste, si el tiempo lo estaba, si no tenía especiales motivos para estar de otra manera. Y además decidí comprarme una trufa congelada, con el corazón, el interior, de chocolate negro, negro como mi alma apenada...peluquero de diagnóstico de cafetería Manila..."
Otra vez rozaba el amor con un precioso muchacho de veintinueve. Pero otra vez era eso y ya...Nada para recordar, sólo una preciosa tarde de tiempo perdido, con un cuerpo desconocido de cabellos rubios, al que abrazaba como si fuera su amor de siempre, y que le abrazaba también así: Afuera la ciudad anochecía. Las lucecitas vigilantes de los fanáticos de los menús individuales de comida preparada y plastificada, comenzaban a encenderse: Un paseo como un autómata por El Corte Inglés, cientos de paseos como unos autómatas felices, por los laberintos de El Corte Inglés, con música agradable del hilo musical, de personas, hombres, mujeres, de mediana edad, jóvenes ya no tan jóvenes con el antidepresivo haciéndoles efecto, insignificantes ludópatas, adictos a las compras y cleptómanos en potencia de ojos tristes, resguardando como en una preciada fantasía la vista en las iradiadas, maravillosas, azules y diamantinas cajas de perfume de todos los colores y tamaños...pequeños sueños domésticos para una tarde.

domingo 14 de octubre de 2007

SIGMUND DIMITRI versus CARL GUSTAV RIPLEY (MA BATE VANTUL)


Mientrás el Dimitronix dormía, Ripley también leía libros para el Blog: Todo fuera por sus elegantes, apasionantes, ilustres lectores. Cabeceaba y leía:

"Desde el punto de vista neurológico, la función del sueño es una consecuencia de la actividad cerebral y orgánica. Los psicoanalistas de la escuela de Sigmund Freud ven en ella efectos compensatorios y fantasmas producidos por la libido, entendido aquí como energía de los instintos y de las tendencias que constituyen el fondo de la personalidad. Por otra parte, los analistas de la escuela de Carl Gustav Jung explican que nuestros sueños son portadores de mensajes simbólicos, cuya interpretación es un medio de autoconocimiento, que proveen orientación en la solución de problemas, y sirven como amortiguador cuando se atraviesan momentos de confusión...

El sueño es una función vital, sin la cual, los seres humanos no podríamos sobrevivir. Sin embargo, el sueño, no sólo se presenta cuando se duerme, en estado de vigilia también se sueña, ocurre durante esos cortos instantes de evasión en el que la mente deriva, se desconecta y divaga. Denominado ensoñación diurna o sueño diurno, se podría considerar éste un estado intermedio situado entre la vigilia y el sueño."

Comenzaba, comenzaba a hacer frío, aunque las chimeneas no se habían aún encendido. Dimitri había ido al desfile de la Fiesta Nacional, con una bandera española que había adquirido por 10 euros en los chinos: todo tenía precio. Hasta el patriotismo y las leyes de mercado tenían precio, pero Ripley se había quedado durmiendo, y encima su ordenador se estaba cayendo a cachos, la pantalla de LCD había hecho literalmente "Crack" y tras parpadear el botón de encendido con una luz intermientente, se había apagado para siempre: se había convertido en basura cibernética: La pantalla de LCD había muerto...¡Viva la pantalla! ¡Viva la pantalla de PDM! (Plástico De Mierda).

"...Había discutido con Dimitri, sucedía cada cuatro o cinco días, cuando desaparecía para ducharse en las Salas "Vips" de los Aeropuertos de media Europa, y no era con parné precisamente suyo. Dimitri se había dado perfectamente cuenta de que le apuntaba los sueños, y de que sus onirismos estaban en boca de todos, como en una copla y, francamente, se había puesto hecho un basilisco: Como venganza contra Ripley, se había levantado, y había hecho, cosa por cosa, todo lo que había dicho "el hombre cuyo nombre siquiera se musita, por temor a despertar la plaga de la langosta"... en el famoso vídeo de "The Ra Joy Of Life", ¡Qué chisgarabís de hombre éste Dimitrievnia!

Dimitri volvió después del desfile poco convencido (sobre todo porque nadie le había dado tortilla de patatas, y porque se había ido con su chupa de cuero) y añadió, como reconciliador: "-Bailarremos Rumba-Balalaika en Alcorrrcón, y una marushka moverá la mano con aires ucranianos, mientras en un desesperado auto-stop hacia Canet de Mar, acabaremos visitando a Carmen duMairena... que es más guapa que "The Ra Joy of Life" y no pica al besar..." Luego Dimitri le preguntó a Ripley por sus recuerdos, por sus símbolos:

"-¿Cuáles son tus recuerdos, cuáles tus himnos? ¿Por qué no ir desfile?"

"-Mis recuerdos, mis himnos" -contestó: "Son una infancia y una adolescencia que ya no volverá nunca. Un patio y una niñez que ya no existen, en la que me regalaron un bólido a pedales verde, precioso, con un número en el lateral que ya no existe tampoco..." -¿Y los tuyos Dimitri? A lo que éste contestó:

"-Los míos son...mirrar ésto....otra vez...también Dimitri descubrirte la Concha Piquer del Este, mirarr debajo, lissto..."



SÓLO ELBLOGDERIPLEY LES DESCUBRE A LA AUTÉNTICA CONCHA PIQUER DEL ESTE.

domingo 7 de octubre de 2007

DESCUBRIENDO A"M": MATHIEU CHEDID.




Mathieu Chedid & Sean Lennon "L'Eclipse" /On plane/L'amour léger dans l'âme/On a tellement de chance/On saute du coq à l'âne/La tête dans les étoiles/Une chanson est un jeu alors/Faisons de notre mieux/Faisons-le savoir/Si on s'eclipse ce soir/On le sait tous les deux/ On se laissera porter/Comme dans nos rêves/Sur cette melodie/Elle nous suffit ce soir/ À se croire immortel/Comme la nuit /Sensible/J'ai le coeur qui s'emballe/Il envahit mon âme/Je me croyais plus fort/Meme si ça m'est égal/Si la vie est un jeu/Lequel de nous deux/Est celui qui chante/Si on s'eclipse ce soir/On le sait tous les deux/On se laissera porter/Comme dans nos rêves/Sur cette melodie /Elle nous suffit ce soir/À se croire immortel/Comme la vie...

Un descubrimiento reciente de Ripley, Mathieu Chédid, es uno de los grandes valores actuales del pop francés. De voz suave, aterciopelada, particular, excelente guitarrista, "performer" de letras originales y cautivadoras, peinados imposibles a lo "Klaus Nomi" con cuernos a los lados, tiene en su haber varios álbumes, ha puesto la banda sonora de algunas películas, creando también un personaje, una especie de "alter ego", al que bautizó con la sencilla letra "M", que hace no mucho ha intentado dejar atrás.

Mathieu Chédid nació en Boulogne‑Billancourt en Francia, el 21 de diciembre de 1971, hijo del cantante Louis Chédid, de ascendencia libanesa y egipcia, y nieto de la escritora Andrée Chédid, y creció en ese ambiente de creación. Tenía seis años cuando hizo su primera aparición, cantando en el coro de una canción de su padre. A lo largo del tiempo, crea diversos grupos, algunos efímeros, con otros cantantes franceses como Mathieu Boogaerts, Pierre Souchon (hijo de Alain Souchon) antes de convertirse en un músico profesional y acompañar a varios artistas franceses en los estudios o en las giras, entre ellos a Vanessa Paradis.

En 1997 llegó su primer álbum, con el cual presentó en sociedad su nuevo personaje: "M". Dos años después con el segundo álbum, "Je dis aime" ( un juego de palabras entre la letra "M" y el verbo "amar"), ganó en el 2000 en Francia, el premio al mejor intérprete masculino y mejor músico en directo. En 2005 fue premiado nuevamente. (Tenéis más canciones debajo).



J'ai les méninges nomades/J'ai le miroir maussade/Tantôt mobile/Tantôt tranquille/Je moissonne sans bousculade/Je dis Aime/Et je le sème/Sur ma planète/Je dis M/Comme un emblème/La haine je la jette/Je dis AIME, AIME, AIME/Du Sphinx dans mon rimeur/Paris au fil du cœur/Du Nil dans mes veines/Dans mes artères coule la Seine/Je dis Aime/Et je le sème/Sur ma planète/Je dis M/Comme un emblème/La haine je la jette/Je dis AIME, AIME, AIME/Pour le dehors le dedans/Pour l'après pour l'avant/Je dis AIME, AIME, AIME/Pour le dehors le dedans/Pour l'après pour l'avant/AIME, AIME AIME./AIME, AIME, AIME.../Je dis Aime/Et je le sème/Sur ma planète/je dis M/comme un emblème/La haine je la jette/Je dis AIME, AIME, AIME...

jueves 4 de octubre de 2007

EL ANGEL DE MARIO MUR

Aquella noche fue a ver a Mario: notó que se encontraba muy solo otra vez. Le llamó y colgó, como siempre hacía Mario, cabreado con la vida, consigo mismo, asqueado de tomar pastilla tras pastilla, de haber pasado por todas las fases, buenas y malas. Buenas, malas y regulares.

Reconoce que no siempre fue asi: hubo un tiempo que le daba miedo visitar a Mario: pensar que una tos suya, un pequeño accidente con sangre, lavarle los platos cuando estaba mal...podía contagiarle. Dejaban de verse, según temporadas: Mario estuvo internado en un centro, depués de que le sorpendiera en su taller de costura, respirando trabajosamente, con un bote de ansiolíticos vacío sobre una de las mesas: le llevó al hospital y pudieron salvarle, menos mal que había llegado a tiempo...
Hacía una eternidad que visitaba a Mario, a veces le hacía la compra, le acompañaba a dar un paseo, quedaban para cenar, si Mario por aquélla época se encontraba entonado y con ganas, estrenando una nueva marca de antidepresivos.

Recuerda aún la noche en que se lo contó, la cogorza que se agarraron. Recuerda que Mario sufrió sobre todo por su madre, que eso decía él que ella no lo entendería, y temió que lo desheredara: que lo vería como un estigma, un castigo: una justa culpa para un hombre que no se casa y no tiene hijos. Y acaba solo, y acaba delgado, y acaba abandonado, y acaba devorado por la vida. Entremedias le contaba anécdotas de cuando había conocido a Gaultier, de aquélla cena con Lee Radziwill, de cuando paseaba a Fanny Ardant por Madrid, de sus noches durante la Movida, que nunca tenían fín, de casa en casa, de piso en piso, de orgía en orgía...

Había conocido a pocos gays mayores con suerte, y por eso le daba pena Mario: por eso iba a verle cada cierto tiempo. Vibraba con las historias que contaba sobre su juventud, las noches medio-prohibidas en las que salía por lugares a los que había que llamar a un timbre, y se abría una puerta, y un hombre con kimono y pelo blanco, de un blanco que sólo podía ser tan artificial como la nieve del "Madrid-Xanadú", abría una puerta, con más dorados que el paso del Cristo de la Buena Muerte, y con inconfundible voz de femme letale, susurraba como una señorita de El Corte Inglés:
"-Entra Encanto...Come into my life!...."

Tomaban una cerveza juntos, le acompañaba un rato, él recordaba sus tiempos y el otro, su discípulo, su alevín, su lazarillo, siempre acababa bailando una canción que desconocía, pero que cada vez le gustaba más: "I was made for dancing", que cantaba un chico que se parecía como en una fotocopia, a Farrah-Fawcett-Majors, uno de "los Angeles de Charlie" iniciales.

Paró la música, dos lágrimas se escaparon de sus ojos, abrazó a Mario, y pensó que también era un ángel para él, pero que no le importaba: pensó que cuando tuviera la edad de Mario, y fuera otro hombre solo, lo necesitaría también él, cuando sus piernas se pararan, cuando ya no tuviera ganas de salir ni fuerzas para moverse: Era un egoísta, pensó: lo hacía también por él. Abrió el balcón y vió el perfil de la ciudad, ya de madrugada casi, con tenues lucecitas flotando al fondo. Se acercó a su cama, vió que Mario dormía, se puso los zapatos, y se fue de puntillas, cerrando suavemente la puerta sin hacer ruido.