Sí, Ripley va a hablar de la Movida, y tiene 18 años (dieciocho). Háganse a la idea de que este blog está escrito para que lo lea mi sobrino cuando sea mayor... Háganse a la idea de que Ripley no es un treintón ni un veintón, déstos de ahora con la fosa nasal blanca y la lengua dormida de ketamina: No. Se ha popularizado la droga, se han popularizado los populares y los populismos, y a Madrid se lo cargó un conjunto de cosas que aún podrían ser peores también.

La forma de recordar es traumática, porque ser un superviviente lo es: es resistencia a los palos, pero también aclimatación: La nostalgia es un error.
¿Amantes? Todos: Todos y más: Cualquier leyenda es poco: Faire l'amour a Olvido imposible (-no éramos nuestro tipo ¡Menuda estirada!-), porque las gentes que no paran de hacerse fotos e ir al peluquero, pues es tiempo que quitan de placer. A Carlos sí, ¡A Carlos claro que le conocí, también! (todo eso irá en un libro de pago, de mucho pago). Pero vamos, casi veinte años de diferencia de edad... quince, pero es vivir un final de algo irrepetible: un telón final de la Movida... recién llegado de Barcelona (donde siempre acababa volviendo por temporadas, porque allí siempre me querían más): La movida, algo que no existió con ese nombre, pero también una ciudad ideal, imaginada, efervescente, realmente lo que decían Antonio Gastón y Antoñito Flores: aristócratas mezclados con golfos, oficinistas con chaperos, putas con médicos, y quién sabe qué más....¿Es eso así ya? Ya no: Siempre hay una primera vez, luego todo lo demás es simulacro.

Una vez superada la barrera de las temerosas visitas a bares, nos dirigimos a nuestra primera discoteca: Hay que poner que tenemos dieciocho, aunque no es verdad. Más tampoco, para los malpensados, pero para los "puristas" edad emancipatoria sirve para despejar dudas.

El protagonista de la entrada está saliendo del armario, pues muy mal, como se sale siempre de los cascarones: Con un inmenso dolor, temor, fragilidad, miedo, inseguridad. Pensando: "-No soy yo, es otro que me habita... No puedo ser así, la gente que es así no es feliz, no es dichosa, no me han educado para ésto, debo inventármelo". Se acerca a la disco, faltan veinte metros: miedo, terror a entrar es poco: -"¡Si entras, ya no vas a salir más, vas a ser como ellos... Dicen que el que lo prueba, repite. No entres ahí. No bajes, no bajes... !"
Justo en ese mismo momento, para terminar de "colaborar con la salida de armario", esa especie de sujeto tímido enfermizo (yo, aunque no lo parezca) se cruza con dos hombres vestidos de mujer,  tipo entre Bette Davis y Gracita: Ideal como mezcla de shock y primer empujón a la vida desarmarizada.

Fanny dice:
-¡Uyyy qué mono!
Pedro dice:
- Y qué jovencito ¡Culito porcelana!...¡Mmmmmm! ¡Ven acá pá acá!


Horrorizado, a Ripley no le queda más remedio que huir, porque lo flipas, se están peleando por él (Como diría Capote con sus ex: "¡Si me vieran ahora!"... -frase transitiva, por cierto-. Yo ahora tampoco he cambiado tanto, sigo siendo muy atractivo, pero bueno): Es así como Ripley huyendo de la pelea intrascendente, pero de proporciones aún desconocidas, echa tierra de por medio y baja corriendo las escaleras de la disco: Por si fuera poco colándose, porque lo que es doscientas pesetas...pero abonando cerveza abajo.


Vaya salida del armario, entrar como "Stop mi Hada, estrella invitada" a todo meter bajando una escalinata de dos en dos (y no será la única, no olviden que quién lo prueba repite): La bajada es como para tener las piernas de Norma Duval ó de Nacho Duato, así que al final de la escalera, la entrada triunfal que es a la vez salida del armario, acaba nerviosamente con un manotazo contra una pared revestida de espejos hasta el techo, que a la vez sirve de freno (es como si el espejo dijera: "eres gáyer, guapo, joven, acepta, folla, disfruta", pero ni que fuera tan fácil todo a la vez): Por el momento, y en la patosidad de quitarse el abrigo, evitando toda posible aproximación humana...

Pues en ese momento evitando lo peor, sucede aún lo más dramático: El abrigo, la inercia del descenso impelen gravitatoriamente dos copas enteras de gin casi llenas apostadas sobre medio poyete, también recubierto todo de vidrio, y las estrellan sobre el espejo-tipo mosaico central, rompiendo dos piezas de cuajo:
Alguien sin duda engreído y pagado de sí mismo empieza a gritar, el resultado es un piñatazo, de tal forma que se entera todo el mundo:
-"¡Ehhh, el chico ese joven!, ¡patoso! ¡Nos ha tirado dos copas! ¡Nos ha tirado dos copas!, ¡las hemos puesto ahí por la cola del ropero, por la cola! ¡Estaban llenas, estaban llenas! ¡Quiero mis copas, quiero mis copas!"

-Máma dáme cien pesetas (porque a América no voy) -dice un aterrorizado Ripley: "-Yo en realidad... es que me espera la mujer en Alcorcón, me he casado de penalti, me llamo Jesús Javier de Ripley García Tenaille, y creo que este ambiente no me va nada. ¡En absoluto!" "-¡...Todo esto ha sido un accidente fortuito...!"

En esas sale el dueño de la disco a recibir a un servidor. Tino con sus amigos en un rincón le ve pasar y piensa: -¡Uy qué mono, pero es que ni mirarme al cinturón!
El dueño del local esboza una sonrisa, le da un capón a Ripley (y a José María que es la misma persona con seudónimo literario para escribir en este blog, no hay diferencia alguna entre los dos), gritándole con cierta ironía: "¡Anda, tira pá adentro, que el plasta éste no te vea!". Y añade:
-Las copas las pongo yo, que al fín y al cabo el caballero y su amigo son clientes habituales... pesados, insoportables ...pero habituales.... Ahora muchacho (añade):
-¿Me quieres decir quién coño me paga los cristales de la entrada? Porque has roto casi tres... y ésto va niquelao con sus paneles correspondientes. Mal tipo no tienes, feo no eres tampoco, ¡pero tira pá adentro golfillo! ¡Tira pá dentro que no te vea en dos semanas! ¡Porque como te salga novio...Tu vas a ser un capricho caro, pero caro, caro, maricón! @elblogderipley, texto registrado. Queda Prohibida la copia, difusión o divulgación del escrito total o parcialmente, sin el consentimiento previo del autor.
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